• Gabriela Mistral, la poetisa elquina y su camino al Premio Nobel

  • Gabriela Mistral, la poetisa elquina y su camino al Premio Nobel

    No hay duda que Katherine Muñoz es una especialista “Mistraliana”. Ya la semana pasada nos contó detalles inéditos y desconocidos sobre la vida de esta gran escritora. Sin embargo, la docente a lo largo de su carrera se ha dedicado a realizar interesantes investigaciones, que van más allá del aspecto meramente anecdótico.

    Relata que se ha dedicado a estudiar a la poetisa desde los objetos, o sea su relación con el cosmos a través de sus cartas, libros, adornos, maletas y equipajes. “Gabriela fue una mujer internacional. A ella le gustaba mucho Italia, incluso aspiraba a morir allí, pero el destino dijo otra cosa. Nuestra poetisa no era fascista, por lo tanto, tuvo que abandonar esa nación”.

    BRASIL, TIERRA AGRIDULCE

    Uno de los primeros destinos al extranjero que tuvo Lucila fue a Petrópolis, Brasil. Sobre este aspecto la académica explica que “Ella estuvo allí para ejercer labores consulares, pero su estadía la revitalizó desde el punto de vista de su ser americano y rural. En una carta a Ribeiro Couto señala: Yo, criatura errante, adoro la tierra, el aire, y el resplandor de su país que veo despierta y dormida”.

    PREMIO NOBEL

    Cuando Gabriela tuvo conocimiento sobre la obtención del Premio Nobel estaba en Petrópolis. Esta ciudad le había entregado penas y alegrías, puesto que allí se había suicidado su amigo Stefan Zweig y su amado Yin Yin, en 1941 y 1943, respectivamente.

    Sobre este hecho, que marcó la vida de la poetisa y la historia de Chile, señala “En el transcurso del jueves 15 de noviembre de 1945 se había levantado temprano….Se hallaba sola en su habitación, con la presencia ausente de sus vivos y sus muertos…Las noticias en la radio sobre Palestina y luego el Premio Nobel. Calló de rodillas frente al crucifijo que siempre la acompañaba y bañada en lágrimas lloró”.

    La docente agrega que Lucila Godoy al día siguiente preparó sus maletas y baúles, con la convicción de no regresar a Brasil. Petrópolis quedaría en su memoria como la representación del hábitat del viaje definitivo de sus suicidas.

    “Casi puedo imaginarla en aquel momento, frente a sus cosas emotivas, en la imagen ineludible de hacer la maleta. A los objetos biográficos que la acompañaron en sus trayectos por el mundo y que la remitirían a su vida en Montegrande, se sumaban otros nuevos, el certificado de muerte de Yin Yin, fotografías, telegramas, tarjetas de pésame, cuadernos, canicas y pétalos de las últimas rosas que acompañaron la sepultura de su niño amado”, narra Muñoz.

    Lo que viene para adelante en la historia de Gabriela ya lo sabemos. Recibió muchos premios y reconocimientos. No obstante, nuestro país todavía no la valora lo suficiente, encarguémonos, cada uno de nosotros, de enmendar ese error. Hablemos de ella y divulguemos su obra, seamos orgullosos de que proviene de nuestra región amada.

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