• COLUMNA: BARRERAS SANITARIAS Y NUESTRA ÉTICA

  • COLUMNA: BARRERAS SANITARIAS Y NUESTRA ÉTICA

    Que nadie se toque, que nadie se bese, que nadie se abrace, se rompió la proximidad real. Ya ni el “click de la cercanía virtual” nos alivia. Bastó un par de meses para que el hedonismo del viaje, se volviera irrelevante y asomara como un riesgo efectivo. Occidente y su sistema económico, sufre repentinamente la permanente precariedad que arrastran miles de desplazados, discriminados y olvidados, “el virus se mueve con la gente”, la libre circulación es la excepción y el confinamiento se volvió la regla.

    El cruce entre economía/sanidad/ética vive su esplendor: desde el siglo XVIII, una serie de fenómenos enfocados sobre los rasgos biológicos fundamentales del hombre, posibilitó constituir una estrategia política, donde las sociedades occidentales modernas comenzaron a considerar al ser humano literalmente como una “especie”, de allí el nacimiento de la biopolítica. También nació un nuevo sujeto político, la población. De ahora en más, cada decisión y cada omisión de gobiernos y las multinacionales, generará consecuencias con efectos incalculables a nivel global.

    La salubridad pública en Chile está literalmente en jaque, prestaciones médicas de valores exorbitantes, subsidios indirectos a clínicas privadas, gestores de salud con una regulación economicista, la red primaria de atención (mal) administrada por los municipios, ni hablar de los hospitales públicos y sus carencias. El trabajo en sus distintas versiones y la explotación de sí mismo, comenzará a mostrar sus peores facetas, se tensionará la producción y la protección del “recurso humano”, comenzará el cálculo del interés económico sobre las personas. Ni hablar del feble control sanitario de quienes ingresan o retornan al país. Todo lo anterior decorado por la irresponsabilidad y el individualismo que han colaborado a la propagación de un virus, que por ahora mata una baja cantidad de personas, pero nadie sabe en definitiva cuándo y cómo se detiene esto. Chile pareciera ser una suma de intereses económicos y meramente individuales.

    Siguiendo el discurso biológico-político

    Podríamos decir que: no sólo se trata de cuales organismos de la especie humana puedan resistir al virus, en las condiciones ambientales de nuestras ciudades, si no que desde ya, cuales individuos de la especie pueden “aguantar” una cuarentena y un Estado de Catástrofe de a lo menos 90 días. Para tal ejercicio observemos las cifras que la Fundación Sol, tenemos a lo menos 3 millones 600 mil trabajadores que se verán en serías dificultades, ya que carecen de un contrato y quedarse en casa no es una opción, toda vez que necesitan ingresos diarios para poder costear necesidades básicas.

    A ese grupo, se le suma aquellos que tienen un contrato y reciben bajos salarios, los últimos datos disponibles son que la mitad de ellos gana menos de $400 mil líquidos, y para oscurecer el panorama hoy, se calcula que entre un 26 y un 30% de los adultos mayores se encuentra trabajando, eso es más del doble de lo que uno observaba hace 30 años. Y aunque el discurso económico nos quiera hacer mirar el problema desde el prisma del “asalariado”, “el trabajador”, “el emprendedor”, y esa larga lista de eufemismo, la verdad es que la mayoría de los hogares en Chile por varias de esas “tipos de personas”. Con 11.5 millones de endeudados en el país, la pregunta hoy es cuantos meses podemos sostenedor una supervivencia, sin enfermar, y sin que escaseen los bienes de primera necesidad.

    Estado subsidiario o Estado Solidario

    No sólo es una cuestión de constitucionalidad, sino que se trata de una opción gubernamental: es decidir entre subsidiar a latam airlines en sus “perdidas” o orientar recursos a los carenciados, quienes enfermos e infectados puede reventar un sistema de salud público.

    El escenario perfecto se completa con la desconfianza total de la sociedad en las autoridades de turno y la información que entregan los medios de comunicación. Frente a un posible desplome institucional,  lo único que salvará a la población, es la reorganización comunitaria que determine sus prioridades, de manera autónoma, fundado en una ética humanista, solidaria, prevención consciente por sobre el riesgo, en definitiva el cuidado de sí y de los otros, que facilite  abandonar el egoísmo.

    Es hora de poner fin al homoeconomicus creado por Smith y perfeccionado por Friedman.

    Por Gonzalo Calderon, Abogado / calderonabogados@gmail.com

    Lea también la Columna “El Problema distributivo en Chile”